Si buscamos “neuroplasticidad” en Google, su IA (Gemini) devuelve lo siguiente de forma automática a fecha de hoy (septiembre 2025):
La neuroplasticidad cerebral es la asombrosa capacidad del cerebro para modificar su estructura, función y conexiones en respuesta a estímulos internos o externos. Este proceso continuo de reorganización permite al cerebro aprender, adaptarse y recuperarse de lesiones, creando nuevas redes neuronales o fortaleciendo las existentes a lo largo de la vida.
Esta capacidad biológica de reorganización puede favorecer la recuperación después de una lesión. Si se ha sufrido un ictus y por tanto se padece un daño cerebral, nuestra neuroplasticidad natural va a ser una herramienta fundamental en nuestro proceso de recuperación.
Siguiendo con la información que Gemini sintetiza, la siguiente parada es que somos capaces de formar nuevas conexiones neuronales que se estabilizan y fortalecen de acuerdo con su frecuencia de uso. La neurotecnología recoveriX puede favorecer este efecto natural ya que representa un sistema de aprendizaje para nuestro cerebro, basado en la repetición intensiva, suficiente para crear y fortalecer nuevas conexiones que ayuden al paciente a recuperar parte de esas funciones motoras y cognitivas que se perdieron en el accidente cerebrovascular. Hemos de distinguir este efecto de la neurogénesis (creación de nuevas neuronas), que es limitada en adultos y parece ocurrir únicamente en regiones específicas.
Esta reorganización de recursos es un mecanismo natural que se incentiva con el trabajo de aprendizaje orientado que supone el tratamiento con recoveriX. No podemos restaurar lo que murió, pero sí podemos trabajar a favor de las áreas neuronales que permanecen funcionales. Además, la neuroplasticidad se mantiene activa a lo largo de la vida y no es patrimonio exclusivo de la infancia y de la juventud. Es cierto que el mecanismo se vuelve menos activo con el paso de los años, pero sigue estando ahí y es una herramienta que debidamente incentivada, puede resultar muy efectiva.
Ya nos ponía sobre la pista de ello Don Santiago Ramón y Cajal, nuestro primer premio Nobel de Medicina en 1906, cuando comentó que “todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”. Su trabajo nos descubrió cómo se estructura el sistema nervioso y el papel que desarrolla su célula nerviosa individual (neurona). Sentó parte de las bases de conocimiento de la neurociencia moderna revolucionando cómo nos entendíamos a nosotros mismos y nuestras capacidades de aprendizaje.
Esas bases siguen vigentes, y tecnologías como recoveriX, basadas en estos principios, pueden abrir nuevas oportunidades de recuperación funcional después de sufrir un ictus.